GIPUZKOATIK

Desmontar mitos junio 3, 2007

Filed under: Iritzia - Opinión — Gipuzkoatik @ 12:55 pm

Interesante artículo de José Luis Zubizarreta en El Correo.

A fuerza de repetirlas, algunas mentiras acaban aceptándose como verdades. Vale el axioma para muchos de esos eslóganes propagandísticos que en la política adquieren la consistencia que sólo corresponde a la realidad. Uno de ellos es el del calificativo de ‘cauce central‘ que se aplica al tripartito que conforma el Gobierno de Vitoria-Gasteiz. Tiene además sus variantes. A veces, en vez de cauce central o simplemente ‘centralidad‘, se apela a una metáfora más orgánica del tipo ‘columna vertebral‘. Se quiere decir, en cualquier caso, que la coalición de los tres partidos -PNV, EA y EB- que integran el Ejecutivo de Vitoria es la que representa, y al mismo tiempo articula, ese amplio espectro de la sociedad vasca que se conoce como su centro sociológico.

Las últimas elecciones han puesto en evidencia que tal eslogan es más mito que realidad. El tan supuestamente centrado tripartito se ha demostrado innecesario en Vizcaya, insuficiente en Álava e inconveniente en Guipúzcoa. Para nada representa, por tanto, ningún centro sociológico, en cuyo cauce debería confluir, por definición, la corriente mayoritaria de nuestra sociedad en todos y en cada uno de sus territorios.

Pero hay más. Las elecciones no nos han dicho, a este respecto, nada que no deberíamos haber sabido ya antes de que se celebraran, a poco que hubiéramos estado atentos a la realidad de los hechos en vez de a las apariencias de la propaganda. Porque desde su misma constitución en la primavera de 2001, cuando vino a complementar las carencias de la anterior coalición entre PNV y EA, el tripartito ha sido, en vez de representante de la centralidad, abanderado de uno de sus extremos. No sólo incumplía el supuesto básico de contar con una amplia mayoría parlamentaria, sino que, además, hacía pivotar su programa sobre uno de los elementos que más dividen a la sociedad en dos universos enfrentados: el llamado derecho de los vascos a decidir.

El tripartito no es, por tanto, ni ha sido nunca, la columna vertebral de nada, sino que se limita a ser simplemente un Ejecutivo de carácter ideologizado, en el que el ingrediente nacionalista o abertzale -con perdón de Ezker Batua- predomina sobre todos los demás. Por decirlo con crudeza, pero sin faltar a la verdad, el tripartito representa, en el país de hoy, la supervivencia extemporánea de uno de los últimos restos que se salvaron del naufragio de Lizarra. Y se mantiene, no por la fortaleza propia, sino por la debilidad ajena.

Resultaba ya, por todo ello, poco razonable, incluso antes de las elecciones, el empeño que algunos ponían en que esta fórmula tripartita se proyectara a los gobiernos de los tres territorios de nuestra comunidad. La aritmética ha venido a confirmar, después de ellas, lo que la razón política sostenía. Tal proyección ha resultado ser, además de poco razonable, también poco menos que imposible. O bien los números no dan, o bien dan de sobra. Y, allí donde se ajustan, su combinación no parece aconsejable, toda vez que representan cantidades que restan más que suman.

Ahora bien, siendo esto así, para nada resulta tampoco recomendable basar en estas elecciones la pretensión de darle la vuelta al espejo y repetir, con otros protagonistas, la misma escena. En tal sentido, la idea de constituir tripartitos alternativos, compuestos por el PSE, EA y EB-Aralar, tal y como algunos socialistas han propuesto, no puede entenderse más que como un amago inicial en el proceso de negociación. Porque, aparte de las dificultades aritméticas que la fórmula plantearía, se caería en la absurda esquizofrenia de hacer de EA y EB socialdemócratas o comunistas en las diputaciones y nacionalistas o abertzales en el Gobierno. Todo es posible en el país. Pero, si tal modelo se implantara, sólo podría obedecer a dos razones: o bien la de hacer valer en las instituciones todo el poder que los votos permiten, o bien la de pasarle factura al PNV por las ganas que se le tienen tras tantos años de gobierno.

A punto de cumplir el país treinta años de autogobierno, sería bueno que los partidos dejaran atrás la fase de experimentación y miraran la realidad cara a cara. Acarreamos todavía dos problemas irresueltos e íntimamente relacionados entre sí: una confrontación identitaria políticamente provocada y un terrorismo que se alimenta de ella. Por otra parte, la última experiencia de poner fin a este último por la vía del diálogo ha demostrado, entre otras cosas, por dónde discurre el acuerdo central de esta sociedad en lo que a ambos problemas se refiere. Al PNV y al PSE les corresponde ahora dar a ese acuerdo el cauce político adecuado, conjugando, en un pacto de largo alcance, la transversalidad identitaria y la postura común ante la violencia con la necesaria estabilidad institucional. Cualquier otra alianza sólo serviría para ir tirando.

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