GIPUZKOATIK

La lección que Ibarretxe no ha aprendido octubre 1, 2007

Filed under: Euskal Herria,Iritzia - Opinión — Gipuzkoatik @ 8:33 am

Oscar Rodríguez Vaz, Parlamentario vasco y secretario general del Grupo Parlamentario del PSE-EE, en Noticias de Gipuzkoa.

Visto el resultado que arrojaron las urnas el 13 de mayo de 2001, así como la situación en que quedó la sociedad vasca tras más de tres años de enfrentamiento entre bloques, el PSE-EE reflexionó y cambió su rumbo. Llegamos a la conclusión de que el enfrentamiento no conducía a nada y que, sin embargo, trasladaba mucha frustración y crispación a la ciudadanía vasca, además de mucha desconfianza a la sociedad española en su conjunto. Todo ello se traducía en menores expectativas de progreso para Euskadi en todos los ámbitos, ya fuera el social, el político o el económico.

El trabajo no ha sido fácil y hemos tenido que dejar muchos pelos en la gatera. Además, ha sido un proceso no exento de jirones internos para el PSE-EE, cuyo último capítulo lo ha protagonizado Rosa Díez. Pero nuestro objetivo era intentar acabar con el enfrentamiento descarnado entre unos demócratas y otros, entre unos vascos y otros; era romper los muros que -al margen de quién pusiera la primera piedra-, todos contribuimos a construir. Y habrá que concluir que, en gran medida, lo hemos conseguido.

Desde el inicio de la legislatura en 2005, el PSE-EE ha contribuido sobremanera a tranquilizar la vida institucional vasca. Afirmación que se puede resumir básicamente en dos hechos. En primer lugar, hemos colaborado de forma determinante para sacar adelante las leyes más importantes en el Parlamento Vasco -Suelo, Aguas y compromiso de modificación de la Ley de Exclusión Social y la Carta de Derechos Sociales -, incluyendo dos presupuestos, tras casi dos lustros de prórrogas, presupuestos no natos y “errores” en las votaciones.

Y, en segundo lugar, hemos apostado -y lo seguimos haciendo sin contemplaciones- por la necesidad de entendimiento entre abertzales y autonomistas, para darle un nuevo impulso a nuestra comunidad y, de esta forma, poner los problemas de la gente por encima de las batallas identitarias -lógicas, dicho sea de paso, en toda sociedad compleja como la vasca-.

Si a esta actitud de los socialistas vascos le añadimos la forma de gobernar del PSOE desde marzo de 2004, con su acreditada sensibilidad autonómica, anclada en la profunda convicción de que las comunidades autónomas también son Estado -lo que, a la vez, ha conseguido no alimentar el victimismo de los nacionalistas más radicales, que se han quedado sin “enemigo exterior”-, se puede decir que hemos subido muchos enteros en convivencia en los últimos años.

Sin embargo, y a pesar de la evolución de casi todos los actores políticos desde el 13-M, el lehendakari Ibarretxe está absolutamente anclado en el pasado, lo que me hace pensar que está amortizado. El lehendakari, o no sacó ninguna lección, o sacó la lección equivocada, de los años de enfrentamiento entre bloques. Como prueba, la huida hacia adelante que protagonizó el pasado viernes.

Hay que recordar que a la derrota inapelablemente legal de su plan en las Cortes Generales, la ciudadanía vasca le inflingió otra no menos inapelable derrota, esta vez electoral, al restarle 140.000 votos a su formación en las elecciones autonómicas del 2005.

A pesar de todo, Ibarretxe sigue “erre que erre” con sus fracasadas ofuscaciones, en esta ocasión disfrazadas de consultas varias. Lleva nueve años remando en contra de la transversalidad, en contra del encuentro entre las dos grandes almas políticas de Euskadi, en contra de compartir un proyecto de vida entre diferentes. Es verdad que si lo hiciera, no sería él. Pero lo que realmente siento es que en el pleno de Política General celebrado ayer, volvió a perder una oportunidad de plantear un acuerdo para construir país juntos.

Es duro decirlo, pero no nos merecemos este lehendakari. No nos merecemos que nuestro máximo representante institucional presente proyectos para fracturar a la sociedad en dos mitades. Esta actitud es irresponsable, reprobable e impropia de cualquier gobernante en democracia, pues su principal objetivo debiera ser precisamente el de garantizar la cohesión de la sociedad a su cargo. Aunque visto lo grande que le queda este objetivo, podría al menos tratar de cohesionar a su gobierno en torno a temas tan vitales para el futuro de nuestro país como es laY ferroviaria.

Así pues, en el curso político que comenzamos nos emplearemos a fondo -espero que de la mano de la gente sensata del nacionalismo institucional, que es la gran mayoría- con el objetivo de no volver al pasado en Euskadi y de parar los pies al lehendakari y su Plan Ibarretxe bis antes de avanzar en el camino, otra vez más, hacia un callejón sin salida.

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