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Arzalluz: ‘Don Juan Carlos tiene aureola, pero nunca lo acepté ni aceptaré como Rey’ agosto 26, 2008

Filed under: Elkarrizketak - Entrevistas — Gipuzkoatik @ 8:46 am

Entrevistaa Xabier Arzalluz en El Mundo.

Presidente del PNV durante más de dos décadas (entre 1980-1984 y 1985-2004), el ex jesuita ha sido una de las figuras más representativas del nacionalismo vasco. Su defensa del derecho de autodeterminación y de la independencia no ha sido obstáculo para alcanzar pactos con el PP y el PSOE. Pese a estar apartado de la dirección de su partido, la vehemencia de su carácter y sus explosivas declaraciones siguen dando que hablar.

PREGUNTA.- La España constitucional cumple 30 años. ¿En qué hemos acertado y cuáles han sido los errores?
RESPUESTA.– En conjunto estamos, políticamente hablando, mucho mejor que en el periodo anterior. Evidentemente, yo no coincido con los elogios al Estado de Derecho y la Constitución que hacen otros, como los socialistas, que también eran, como nosotros, de la cáscara amarga en el franquismo, y se han entregado completamente a esta nueva situación. Para el PNV, ésta sigue siendo una democracia de baja calidad, porque la Transición se hizo con una continuidad jurídica con lo anterior, y aun introduciendo los elementos que eran necesarios para consolidar la democracia, hubo que dejar un montón de cosas en el camino que no se han recuperado. La salida que se le dio al tema vasco y catalán, como se ha comprobado después, fue un error.

P.– Su primera aparición pública del posfranquismo fue en diciembre del 76, como la cara visible del PNV. ¿Su camino entonces era hacia la independencia o hacia la integración?
R.– Mi camino siempre ha sido hacia la independencia, y sigue siéndolo. Lo que pasa es que en política hay que saber hasta dónde se puede llegar y hasta dónde no. Los nacionalistas vascos veníamos a conseguir la independencia y decir lo contrario es querer ocultar las cosas.

P.– Sin embargo, el PNV tuvo un cierto papel en el proceso constituyente. ¿Por qué finalmente se abstuvieron de votar la Constitución?
R.– Antes de empezar la negociación de la Constitución, las dos familias de ETA que existían entonces, pero sobre todo ETA militar, pretendían la unión de todos los partidos ‘abertzales’ nacionalistas para hacer un frente común contra el Estado. Nosotros no acudimos a la llamada porque teníamos claro que cuando alguien pone la pistola encima de la mesa, lo que pasa está bajo la pistola, como de hecho sucedió. También la otra ETA, la de los Múgica, Arregi, etcétera, nos quería imponer que no nos presentáramos a las elecciones hasta que se hubiera proclamado la amnistía. Tampoco les hicimos caso, y tiramos para adelante con la idea clara de que no aceptaríamos una Constitución así como así.

P.– ¿Cuáles fueron las cuestiones inaceptables para el PNV?
R.– Por una parte, que nosotros poníamos como condición ‘sine qua non’ el derecho de autodeterminación, que hubiera vías democráticas para que este pueblo exprese lo que quiere y tenga la posibilidad de conseguirlo. ¡Todavía andamos en esto, 30 años después! El segundo punto fue la no aceptación del Título VIII, porque entendíamos que lo mismo que no estuvimos con los de las pistolas, no aceptaríamos estar con la pistola de nadie.
P.– ¿Qué parte del Título VIII les resulta intolerable?
R.– Entero. El hecho de que las Fuerzas Armadas aparezcan en la Constitución como garantes de la integridad del territorio y del orden constitucional es intolerable. Comprendo que el Ejército se encargue de cualquier ataque exterior a un país, para eso está. Pero que el Ejército sea garante del orden constitucional es una espina muy gorda para cualquier concepto democrático.

P.– Ustedes se abstienen aunque se les acepta el tema de los derechos históricos. ¿Pensó que Euskadi llegaría a tener un nivel tan amplio de autonomía como el que tiene?
R.– Yo pensé entonces que el poder suelta y luego lo retira cuando puede. Se aceptó en el estatuto vasco el concierto económico, porque es un resto de una facultad política y financiera que nos arrebataron. Los impuestos se recaudaban aquí, y eso lo rompió Cánovas. Al final, el cupo se quedó como una norma provisional que sigue sin gustarle a ningún ministro de Hacienda, pero no se atreven a quitarlo. Sin embargo, no doy por hecho que algún día no nos lo quieran quitar, y tenemos que estar prevenidos.
P.– ¿De verdad cree que el intocable concierto vasco puede estar en peligro?
R.– Sí, lo creo. Por eso el Parlamento vasco quiere blindar el concierto para que no quede al albur de que cualquiera lo pueda llevar al Constitucional y que a cuento de la igualdad de todos los españoles un día alguien lo quite. Veo en peligro el concierto y veo en peligro el euskara, por todo ese follón indecente del Manifiesto a favor del castellano.

P.– Llevan 30 años en el victimismo y la reivindicación permanente. Da la sensación de que todo les es insuficiente. ¿Cuál es su límite?
R.– El límite es que nos reconozcan el derecho a la autodeterminación, que reconozcan que somos un pueblo. Nos han metido en el saco de la nación. No hay vascos, somos gente que tiene una lengua rara y levantan piedras, pero no nos reconocen como pueblo. Si en esta Constitución se hubiera aceptado el derecho de autodeterminación, ETA hubiera dejado de existir, estoy convencido de ello. Por eso yo nunca he aceptado una Constitución que nos tapa el camino de lo que pretendemos. Si hubieran dejado libre el camino de la expresión de los vascos, yo hubiera dicho sí a la Constitución.

P.– En resumen, que si les reconocieran el derecho de autodeterminación, el siguiente objetivo del PNV sería la independencia, modelo Québec o Kosovo…
R.– Claro que sería la independencia, pero hay aquí mucha gente que no la quiere. El problema es ver quién se apunta a la independencia, y para eso la gente tiene que pronunciarse. ¿Por qué tienen tanto miedo a los referéndums? Es una barbaridad que a mi pueblo se le pueda tener en un sitio donde no quiere estar. Es un abuso que me parece degradante para el propio Estado español.

P.– De sus palabras deduzco que no pararán, que si no sale el ‘plan Ibarretxe’ o el referéndum, volverán a intentarlo.
R.– La gente dice que el ‘plan Ibarretxe’ ha fracasado porque no pasó el filtro del Congreso de los Diputados, pero yo no desisto. Lo volveremos a intentar, y después de esa vez vendrá otra, otra y otra. En Québec han hecho por lo menos cinco referéndums, y no han parado, ni pararán. Nosotros tampoco lo haremos.

P.– Eso será así si el alma dominante del PNV es la de Ibarretxe, pero no olvide que su partido tiene dos almas y ambas no piensan igual.
R.– Admito que en el PNV hay varias almas, al menos dos. Ibarretxe y yo compartimos las mismas tesis, pero no sé cuál es la mayoritaria. Sostengo que si hemos ido perdiendo votos en las últimas elecciones ha sido porque hemos hecho campañas fuera del reservorio natural de nuestros votos. Nuestros votos no están en el PSOE o en el PP, por mucho que apacigüemos nuestros planteamientos, están en el mundo ‘abertzale’. Éste es nuestro caladero, y donde tenemos que pescar. Si el candidato a las próximas elecciones es Ibarretxe, Patxi López no tiene nada que hacer. Si no lo es, el PSE puede tener alguna posibilidad.

P.– Hablemos de ETA. A ustedes se les ha acusado históricamente de estar en el filo de la navaja, de recoger las nueces del árbol que ellos agitan. ¿Es así?
R.– Nunca he sido de ETA, pero podía haberlo sido. ETA es de mi quinta, y tengo amigos entre sus fundadores. Eran nacionalistas radicales y católicos, por cierto, pero yo nunca tuve la tentación de meterme en ETA porque no creía que mediante la violencia se pudiera conseguir todo esto y dudaba también de que mereciera la pena. En cuanto a la frase del árbol y las nueces, no es mía. Cuando la usé lo hice refiriéndome a HB, no a ETA. Lo que pasa es que una idea corre y ya no hay quien la pare, como ocurrió con el RH. Jamás hablé de la pureza de la raza, simplemente cité a un antropólogo alemán que sostenía que “la sangre de los primeros europeos corre hoy solamente por las venas de los vascos”. Cité eso, y Bergareche lo usó mezquinamente para atacarme de forma inmisericorde.

P.– Perdone que insista con ETA, pero éste ha sido el gran cáncer de la democracia. ¿Por qué el PNV no ha colaborado decisivamente para que desaparezca?
R.– Yo siempre he procurado que Madrid negocie con esta gente, pero no he visto ninguna tregua sincera de verdad. Ha habido diferentes negociaciones, y yo estoy harto de hablar con HB, porque el papel que se nos sigue asignando a nosotros es el de desbrozar el camino para que ETA negocie con el Gobierno central. Pero esto sigue, y hay sangre, y no sólo de los que matan, que es en lo que en España se fijan, sino también entre ellos. Los etarras viven mal, y no son cobardes, simplemente están acosados.

P.– Sin embargo, el PNV no siempre tuvo un papel secundario. Ahí está el pacto de Lizarra, del que fueron los actores principales…
R.– Efectivamente. Nosotros la única vez que intentamos ser actores, y nos salió mal, fue en Lizarra, cuando yo recibo un papel de ETA poniendo tres o cuatro condiciones que si el PNV aceptaba, ellos entraban en tregua. Entonces yo tenía una buena relación con Aznar.

P.– ¿Usted se fiaba de Aznar?
R.– La palabra confiar en política debería estar desterrada. Nadie se fía de nadie. Pero yo trabajaba bien con Aznar. Me dijo una vez que estas cosas de ETA las arregla la derecha, y que el tema del IRA lo empezó la señora Thatcher. Eso lo interpreté como que él pensaba que quería y podía terminar con ETA. Empezamos apoyándole en la investidura, llegamos a un acuerdo fructífero y fuimos serios hasta el final. A Aznar se le puede criticar mucho, pero era un hombre de palabra. Me decía que yo quería que se tirara a una piscina, pero él quería estar seguro de que había agua dentro. Creo que él lo intentó con ETA, pero había otros, no sólo Mayor Oreja, que le hicieron cambiar de opinión. Ahí nos distanciamos y entramos en Lizarra.

P.– ¿Y por qué les salió tan mal Lizarra? ¿ETA les tomó el pelo?
R.– Salió mal porque fueron sucios, muy sucios. Unos y otros. En Madrid todos creían más lo que decía ETA que lo que les decíamos nosotros, que tiene narices. En cuanto a ETA, mi teoría es que ellos perdían con la tregua, porque había mucha gente de HB que estaba a gusto con nosotros. Por eso los etarras jugaron sucio, y Madrid también.

P.– ¿Cómo fue su relación con Felipe González?
R.– Bien, fueron muchos años. Es verdad que con lo del GAL, que yo siempre dije que lo inició Damborenea pero se gestó en La Moncloa, nos distanciamos, y estuvimos cuatro años sin hablarnos, y luego nos reconcilió el Rey.

P.– ¿El Rey?
R.– Sí, el Rey solía llamar sólo para las investiduras, pero un día me llamó y me puso al teléfono con Felipe González. Así de sencillo. Así nos volvimos a hablar.

P.– Hablando del Rey, ¿España es monárquica o republicana?
R.– Le advierto que no voy a ser políticamente correcto. Don Juan Carlos tiene una gran aureola, pero yo nunca lo acepté ni lo aceptaré como Rey. Le hicieron Rey con un decreto franquista, y eso no se ha subsanado. Simplemente, lo metieron por la puerta de atrás en la Constitución, y para un demócrata eso es inaceptable.

P.– Hombre, su prueba de fuego democrática la pasó el Rey con creces el 23-F, ¿no?
R.– Tengo más que dudas. El soldado que enviaba los teletipos de Milans del Bosch era afiliado nuestro, y yo he tenido los originales en la mano. No tengo noticia demostrable de que el Rey hubiera sido contundente con Milans del Bosch. Ése fue su gran error. No haber parado el golpe cuando se estaba gestando. Tengo una noticia desde dentro de La Zarzuela de que aquella noche no fue el Rey el que intervino, sino el general Fernández Campos. Él fue el hombre lúcido que estuvo allí. De hecho, según me han dicho, al día siguiente el Rey le dijo al general: “Mira que si ganan esta noche, tú estabas en el otro barrio”. El Rey estuvo esperando. Salió en televisión y todo el mundo le atribuyó a él que había liquidado el golpe. Mi convicción es que no fue él.

P.– ¿Es consciente de que se ha convertido en una bestia negra para la mayoría de la sociedad española que no vive en Euskadi?
R.– Sí, sí. Tengo esa imagen, porque el poder central, tanto el PP como el PSOE, necesita fabricarse un enemigo, y me ha elegido a mí como la cara del diablo, pero eso a mí no me molesta. Lo que me molestaría es que me hubiera pasado lo de Imaz, que hablen bien desde Madrid de mí. A mí intentaron desacreditarme, y luego comprarme, y si no te pueden comprar, te liquidan moralmente.

P.– ¿Quién le ha intentado comprar?
R.– No le voy a decir ni quién ni por cuánto, pero me quisieron comprar. Algún día se sabrá.

 

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